Cultura / Explorando BA

El obelisco, un emblema de Buenos Aires

En este artículo vamos a repasar un poco sobre la historia del Obelisco de Buenos Aires. Un monumento que desde hace varios años ya es un emblema no solo de la ciudad, sino también del país.

Una vez fue decorado como un lápiz (2006), y dos veces como un árbol de Navidad (1973 y 2010). Ha servido de blanco a los vándalos, lo que provocó su cierre público y la colocación de una imponente valla a su alrededor en 1987. Durante el siniestro período de secuestro de la década de 1970, sirvió de cabecera para enarbolar una propaganda aterradora destinada a silenciar a los críticos del gobierno.

En 2005, fue cubierto con un condón rosa gigante para el Día Mundial del Sida. En 2015, “perdió” temporalmente su punta gracias a una gran ilusión de la mano de un artista local, haciendo posible por primera vez que los argentinos accedieran a su imponente cúspide.

Pocos días después de su construcción en 1936, un terremoto sacudió sus cimientos pero no pudo derribarlo. Unos años después, en 1939, el gobierno argentino votó 23 a 3 para demolerlo, pero tampoco pudieron derribarlo (gracias, alcalde Goyeneche).

Para las celebraciones del bicentenario de la ciudad en mayo de 2010, más de 3 millones de porteños se reunieron en torno a él como su símbolo central tanto de la ciudad como de la nación. Pocos días antes, el famoso entrenador de fútbol de la selección argentina y ex jugador favorito, Diego Maradona, amenazó con correr a su alrededor desnudo si su equipo ganaba la Copa del Mundo.

Entonces, ¿qué es “eso”, te preguntas? Nada menos que la “espada de plata” del orgullo porteño: el Obelisco de Buenos Aires.

Conociendo el Obelisco

Se encuentra en la intersección de las dos avenidas más importantes de la ciudad, la Av. 9 de Julio y la Av. Corrientes, el Obelisco ha estado impregnado de controversia e intriga desde antes de que fuera erigido.

Para empezar, se le ha culpado popularmente (y erróneamente) por la destrucción de la histórica Iglesia de San Nicolás, que una vez estuvo en el mismo lugar y enarboló por primera vez la bandera argentina azul y blanca sobre sus altares (el ensanchamiento de la Avenida Corrientes en 1931 fue el verdadero culpable).

Los primeros espectadores cuestionaron la idoneidad de la construcción, señalando que su forma no tenía “nada que ver” con la ciudad y lo que representaba. Como era de esperar, se convirtió en un objetivo para los grupos feministas locales a los que no les gustaban las actitudes machistas que encarna. Y, si las señoras estaban en lo cierto sobre el mensaje que se pretendía enviar, fue una vergüenza de todos modos, gracias a ser menos de la mitad de alto que su primo norteamericano de 555 pies de altura, el Monumento a Washington (El Obelisco tiene apenas 221.5 pies de altura, o 67.5 metros).

Además, ni siquiera estaba hecha de “materiales locales” -la piedra blanca de Olsen que formaba parte de su revestimiento exterior era de la provincia de Córdoba. Cuando ese azulejo comenzó a caer, fue declarado un peligro para los transeúntes y calificado de “intruso” por un Congreso oportunista que se aferró por cualquier razón para nivelarlo al suelo y empezar de nuevo.

Un monumento argentino que Buenos Aires aprendió a aceptar

Pero aquí estamos más de 80 años después, y todavía ocupa su principal propiedad inmobiliaria en la esquina de Broadway de BA y la avenida más ancha del mundo.

Amarlo u odiarlo, una cosa está clara: es imposible ignorarlo. Después de todo, ha sido el lugar de suficientes protestas apasionadas y celebraciones futbolísticas como para cimentar su lugar en los corazones de los habitantes de la ciudad portuaria para siempre. Más que simpatía, el obelisco tiene la familiaridad para ello, habiendo servido como centro de muchos eventos clave en la historia moderna de Buenos Aires.

De hecho, la mejor manera de entender el significado de la estructura es quizás a través de estas historias: los mítines, el estruendo y (a veces) los disturbios de los que el monumento ha sido testigo.

Si elegir el Obelisco como sede de un evento es sinónimo de tener un mensaje cultural importante que enviar, veamos qué podemos deducir del pueblo argentino sólo por los acontecimientos de los años pasados.

El Obelisco de Buenos Aires

Tango, carnes a la parrilla, fútbol y derechos de la mujer: sólo algunas de las facetas culturales que definen los tiempos modernos de Argentina. Claramente, si se quiere tener una visión a vista de pájaro del paisaje social, un muy buen punto de partida son los pasos de ese símbolo de orgullo porteño que raspa el cielo – El Obelisco.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*