Ojos virgenes y Experience Music Project
Posted on 01.19.08 to Bitácora by IrinaCon el dÃa de hoy podrÃa escribir diez post. Me conformaré con uno, por el momento, pero lo primero que se me viene a la mente es cómo cambia la percepción cuando los ojos son vÃrgenes. Ya he dicho que me siento sapo de otro pozo en estos lares, pero hoy confirmé que mirar una ciudad desde cero, asombra como si se estuviera viendo por primera vez al dulce de leche. Quiero amnesia de ojos para Buenos Aires. Seguramente, verÃa otro lado.
El lado b de Seattle es súper interesante. La amabilidad, nunca vista. Siempre que abrà un mapa y permanecà dos minutos quieta, recibà asesoramiento inmediato, sin solicitarlo. Ya su saludo dice todo. En vez de un hola dicen, “Cómo está siendo tu dÃa hoy?” y frases por el estilo. Pero además, es una ciudad muy pulcra. A nadie se le va a ocurrir tirar un papel en la calle, ni levantarse del sitio de comidas rápidas sin llevar su bandeja a la basura, y encima, separar el contenido en cada tacho de basura.
Pero no me quiero extender en el comportamiento, ya que me sorprendieron muchas otras cosas. Ni hablar de la moda de la pollera masculina. HabÃa escuchado algo (N. de la R.: un dÃa un amigo me dice, qué linda pollera, me la pondrÃa, y me contó que los hombres, ahora, usaban pollera), pero verlo en vivo y en directo y en invierno, me heló la piel. Le dejo una fotito de la vidriera que da fe de ello.
Resulta que Seattle tiene, entre muchas otras cosas, un museo experimental de música: Experience Music Project. Presten atención: es genial, admirable, atrapante, diverido y, también, un gran deseo hecho realidad. Quizás es un lugar que sólo puede haber sido levantado por un multimillonario, como es el caso de su mentor Paul Allen, de Microsoft.
El museo tiene un sector de guitarras increÃble. Creo que no debe haber otro lugar en el mundo con semejante colección de guitarras. HabÃa prevÃas a 1900, modelos de los años 20, 30. Las primeras guitarras eléctricas, otros experimientos precedentes, y asà sucesivamente hasta llegar a la actualidad. Además, a modo decorativo, una torre gigante de guitarras hace honor a que en éste paÃs, no hay problema de presupuesto y se puede crear semejante monumento.
La agenda del museo no es estática. En ésta época, habÃa un homenaje a Jimy Hendrix, con información “oral”, visual y musical.
Lamentablemente no tuve mucho tiempo para recorrerlo. Tuve muchas ganas de hacerme invisible para que no me saquen cuando estaba por cerrar, en medio de mi clase virtual de baterÃa, pero no pude lograrlo. Este museo tiene tres pisos con salones para experimentar la música de diferente manera. El más divertido, el que me atrapó, fue el de la experiencia con los instrumentos. Un salón con pequeños habitáculos acustizados, dividiso por disciplina o instrumentos, con una pantalla de computadora y un sistema de software que te explicaba cómo tocar una guitarra, un teclado, una baterÃa eléctrica y de verdad (avance bastante aquÃ!), un sampler, una mezcla de sonido, y la voz. Además, habÃa otros cuartitos para Jam (sesiones de trÃos para tocar con otros visitantes) o otros chiches más.
Cada instrumento estaba ubicado en un soporte que se subÃa y bajaba según la estatura del participante. Cuando se ingresaba a uno de éstos cuartitos, los parlantes ubicados al costado de la computadora empezaban la lección. Más allá de que el sonido envolvente permitÃa no estorbar a los otros novatos con los diferentes instrumentos, las lecciones iban, dentro de todo, lo suficientemente rápido como para que cualquier perejil pudiera tocarse un bluesito, una base de funky o un cha cha chá. El software que me indicaba como aprender baterÃa, por ejemplo, estaba integrado con la bata en sÃ. Cuando me enseñaba a tocar el bombo, el pedal de verdad se activaba para tocarla. Daba impresión. AsÃ, los tom tom, y todos los tambores. También se iban indicando los tiempos fuertes y débiles, y asà sucesivamente como para poder empezar a tocar. Sin quitarle el mérito a los profesores de baterÃa, este sistema tipo inglés virtual, me pareció muy útil para que cualquiera que le tema un poco a los instrumetos, se saque la idea y pueda experimentar. De eso se trata.
Después habÃa otros salones, como el nuevo “American Latin Sabor”, que además de una exposición sobre cada exponente de la música latinoamericana (Argentina ausente por completo), tenÃa saloncitos audiovisuales adonde se podÃa escuchar un poco de mambo, o de bolero, y aprender la historia de los pioneros de la música americana, como la llaman.
Y habÃa más, pero me da pudor contarlo. Me fuà pensando qué lindo serÃa armar algo asà en Buenos Aires, con bandoneones, gardelitos, y cosas en serio. Y sÃ, para turistas. O no, para recuperar la memoria que se va perdiendo. Cualquier semejanza con esto que propongo, haré juicio por derechos de autor. Se aceptan inversores.
Buscar Timeline
Comments ( 5 )
[...] This post was mentioned on Twitter by Cristina Soto, Diego Aguirre. Diego Aguirre said: @crisstinkerbell es un museo llamado Experience Music Project en Seattle WA (USA) mas info aqui http://bit.ly/aI77Q7 [...]
Tweets that mention Buenos Aires Lado b » Ojos virgenes y Experience Music Project -- Topsy.com added these pithy words on Sep 02 10 at 12:21 amque bien la pasan algunas!!!
que ganas de estar ahi probando esas supermaquinitas y no tener que`pasar por algunos
de nuestros prof compartidos como romerito
ja
beso grandee
Nunca me veran con pollera, ni borracho en Escocia. (bah! en Escocia capaz que si)
Estuve alli, tuve la suerte de viajar a Seattle varias veces y visité el EMC en tres oporunidades. Me quedé como vos atrapado en las salas experimentales y como nadie me veia ni escuchaba, me tomé el tiempo para practicar con la bateria, la guitarra y el bajo. En esas salas se me pasó el tiempo volando y hubiera estado mucho más. Seattle es una ciudad mágica que nunca visitarias, salvo que te inviten, porque queda muy lejos y hay muchos otros destinos previos por conocer. Sin embargo, sugiero ponerla en la lista de los lugares que no debieras dejar de visitar.








