Acasuso

Qué buena que es Acassuso. Una obra de teatro que representa una secuencia de situaciones entre docentes y no docentes en la sala de dirección de una escuela estatal del conurbano. Rafael Spregelburd logra mantener la atención y risas de su fiel público durante dos horas en la sala llena de Andamio 90. Los diálogos y las actuaciones superan a la ficción y es allí donde uno se siente cómodo, como espiando por la mirilla de la dirección del colegio primario, como diciendo: ¡pobrecita carterita!*. Es que la platea del teatro se siente tan identificada (sin mencionar que parecen ser clones de los actores que están en escena) que no puede evitar participar.

Los hilos de la narración van por varios lados. Muchas charlas paralelas que no se confunden, porque nada queda librado al azar. Todo comienza cuando la profesora de gimnasia trae la noticia. Han dado un golpe en Acassuso, y sin disparar un sólo tiro, se están robando elBanco Río, con todos los ingredientes de la mejor historia de ficción: “los ladrones le cantaron el cumpleaños a una de las rehenes. Se desvistieron, se calzaron pantaletas para ir a andar en un gomón”. Ellas, las docentes y directora, van siguiendo día a día los intríngulis del hecho. Pero mientras tanto usurpan el aula las cuestiones internas. La corrupción de algunos integrantes, la cama que le quieren hacer a la directora, la venta de ropa ilegal y las peleas por el protocolo que cada docente desea seguir, y el sistema se lo impide.

Si ya la historia y la riqueza de los diálogos coronan lo que ocurre, son las actrices las que lo hacen posible. Cada una de ellas tiene su propio protagonismo. Pero cuando llega Edgard (un jugador de fútbol comprado ilegalmente con el dinero de la cooperadora), todo empieza a tomar otro color.

* Carterita: es el primer apodo que impone Edgard. Ella es Emma Rivera, la actríz que interpreta a Marta Caamaño, una maestra de cuarto grado que ya debería haberse jubilado pero que le computaron mal los primeros años y aún continúa ejerciendo la docencia. Lleva una cartera (obvio) todo el tiempo encima y es un tanto distraída. No recuerda si falto o no y se destaca en su representación del orsai de fútbol. Un lujo.

Cajita:La secretaria Marta Gregorini no es normal. En la piel de Elisa Carricajo, aflora una mujer que tuvo problemitas cerebrales y hace lo que puede. Vive sola con un perro y custodia la cajita de la cooperadora como un polizón. Es querible y aborrecible a la vez.

Tetas: Luciana Pettigiani interpreta a Gladys Rondó, la de gimnasia, la que tiene toda la “posta” sobre el robo de Acassuso. Es la entrenadora del equipo de fútbol y pone orden en la sala. Va y viene con un silbato, una pelota de basquet, y una delantera prominente. Su discurso final, imperdible.

Rulo: Susana Brunetti es la convertida. La actriz Andrea Lo Tartaro interpreta a la nueva, ¿ex vedette?, que debe pagar derecho de piso. Le asignan enseñar a un segundo y un octavo grado simultáneamente, le ordenan que no chille. La toman de punto.

Jopito: Es Susana Domber, la maestra de primero que la tiene clara. Valeria Correa es canchera y tiene todos los trucos para sobrevivir en una escuela del estado. Con imaginación, a los chicos no se los relegará de la sociedad. Pretende que enseñen computación con una caja de zapatos: es lo que hay.

La dire: Paula Acuña interpreta a Delia Lobo, la directora. Es la loca, pues para ser directora, hay que poder manejar manada de otras insanas. Ella es la que invierte en Edgard y pregunta: ¿querés violarme?

Modelito: Es Ideth Enright en la piel de Marta Lococo, una vendedora de ropa inmersa en este clan de docentes. Ella tiene la mirada de afuera, vende prendas a crédito y es buena. ¿De que lado está? de ambos.

La vice: Pilar Gamboa interpreta a la otra Susana, la vice. Es la contrincante de la directora pero en el fondo, la quiere. Ambas llevan adelante la escuela como pueden y a sus espaldas.

La fonoaudióloga: Dale que dale con la “rama”, Laura Paredes se sumerge en la otra Martita, una psicopedagoga que hace todo lo posible para que su gabinete pueda seguir en el colegio.

Imposible sería seguir describiendo lo que ocurre en el Acassuso del Teatro Andamio. Sólo cabe destacar que cuando el delirio se va apoderando del cuadro tan real que pinta Rafael Spregeldurd, el espectador ya no se da cuenta. Qué importa. Uno sale creyendo que Ernesto Sábado no escribió el Túnel y que en la calle las actrices se multiplican como Gremlins. Un contingente comienza a reclutar a las espectadoras. Los timbres de voz son iguales, y los comentarios, aún mejores.

Resta decir que si es Spregelburd, es bueno.

Cuándo y dónde: Sábados a las 20 y domingos a las 19:30, en Andamio90, Paraná 660. Reservas al 4373-5670.

El vuelo de Fernando Peña

El viaje duró más de cuatro horas. El destino podría haber sido Miami pero terminamos vuelo en el mismo lugar donde comenzamos: Chacabuco 875, Teatro Margarita Xirgu. No se asusten, nada de lo que vimos en esta primera función podrá repetirse en lo sucesivo. El público (prensa, amigos, tripulantes y fanáticos) y el mismo Fernando Peña fueron conscientes de eso todo el show.

Lo que verán será, seguramente, una obra de 1 hora 50 minutos, donde Fernando Peña compone diferentes personajes que habitan el mundo de la aviación y la realidad (cruda) argentina. Con la presencia inigualable de Milagritos López contando sus peripecias de vuelo, aconsejando a los tripulantes cómo zafar de las ocho horas cuarenta minutos que dura el vueloBuenos Aires-Miami, pero también, explicando a los pasajeros qué no preguntar, qué no hacer y cuán molesto se puede convertir uno dentro de un consolador de lata: el avión.

Todos los monólogos interpelan al espectador su nivel cultural, popular, actual y capacidad irónica. Los giros son buenísimos, las metáforas, ametrallan todo el tiempo. Si uno está atento no parará de reír. Sino, también. Hay mucho vueloen Gracias por Volar Conmigo, valga la redundancia; Peña es además de carismático un actor muy expresivo y talentoso.

Esta función de ayer domingo fue atípica. 
Para comenzar, en la fila 11 de la platea baja había una muchacha con una risa enervante. Cuatro horas y pico soportando un sonido tipo cacareo mezclado con ruidos guturales continuos, complicó la concentración y la calma. Esto sumado a que Peña estuvo muy graciosamente pendiente de los espectadores, los críticos de teatro (no de nosotros los minoristas) y de los tripulantes de vuelo (quienes se sentían muy identificados con absolutamente todos los gags). También tentado en un comienzo, y súper charlatán toda la obra.

Gracias por volar conmigo es casi un relato testimonial de las vivencias de Peña como Comisario de abordo. Esta obra en particular es una reposición (se estrenó en El cubo hace un año y medio) y en ese ínterin, Sudamericana publicó el libro homónimo: Peña en primera persona contando cómo llegó a cumplir su sueño de volar, pasión que tiene desde los seis años. El libro, como la obra, atrapa al lector/espectador. Los personajes de Peña no mienten. En sus chistes, además, aparecen comparaciones muy graciosas con personajes públicos. Algunas de sus criaturas son, directamente, un homenaje a otros. Como la azafata medicada-drogada, luciendo lo mejor de la Soledad Dolores Solari de Gasalla. Pero en Peña nada es imitación y el lo sabe, y lo aclara.

Muchos dicen que para ver a Peña tenés hay que ser fanático. 
Los fanáticos, justamente, no dejan que el actor termine sus chistes: ríen antes y esa risa al por doquier empalaga la función del lado del espectador. Del re-estreno se podría criticarel sonido inicial, latoso y demasiado fuerte. Pero los desarreglos técnicos se convierten en virtud a medida que pasa eltiempo. Peña es habilidoso para manipular el error y convertirlo en gag ensayado. Así, ya no importa qué sale bien o mal, ya que no es Hollywood, sino el precioso Margarita Xirgu con platea alta para los pobres, la media para la clase media mediocre y la de abajo para la clase alta. Allí, como en el avión, todos bebemos de nuestra propia medicina. Es increíble cuánto tiene que ver el público con lo que logra Peña. El viaje de ayer fue largo, pero como el mismo dijo, fue como haber compartido una tarde con él, en su casa, con secretos inolvidables.

N. de la R.: Me voy a divertir leyendo la crítica del Buenos Aires Herald. Fue el crítico estrella de la noche, Peña le dictó en vivo diversas frases que “no debía poner”. Veremos, veremos.

Entrada publicada en Abril de 2008. Fernando Peña escribió:

Disfruté enormemente de tu crítica. Y sí, fue un happening. Gracias por entenderme.

El camino de “Vete de mi”, el bolero argentino

“Yo no se que hiciste pero armaste un despelote con Vete de mi. Compusiste el himno de Cuba”.

No se si es Tango o Bolero, me dice Martín Becerra al referirse a “Vete de mi”, esa canción (así pensé yo) tan hermosa que cantaba… ¿Chico Novarro? ¿Bola de Nieve? Bueno, dije, vamos a investigar. Y esa confusión, oh casualidad, es su hermosa génesis.

No pasaron unas horas hasta que me encontré con este revelador documental que a los cinco minutos ya me estaba haciendo llorar porque es tan real nuestra banalidad e inmensidad. Resulta que hace diez años, el documentalista Alberto Ponce salió por las calles de Buenos Aires preguntando a los transeuntes (incluido ¡Leonadro Favio!) si conocían “Vete de mi” y claro, nadie terminaba de saber qué era o de quién era, además de sentirse ofuscado por la molestia de la pregunta en la calle.

Nos vamos a una romántica y amable Cuba en donde todos tienen memoria y memoria musical. Y aunque están confundidos y piensan que Vete de Mi es de Bola de Nieve (no… es una canción Argentina, un tango compuesto por los hermanos Virgilio y Homero Expósito, que en realidad, fue presentado como bolero para Bola de Nieve). Una Cuba tan sincera que no parece una construcción documentalista. Parece que así somos algunos argentinos y así son muchos cubanos. Adorables y con memoria musical.

Los hermanos Expósito tenían 13 y 19 años cuando compusieron el tema. Ellos definieron que era un bolero. Al fin y al cabo, era como un Tango más lento.

Nos falta mucho Vete de mi. Les dejo el hermoso y necesario documental. Porque no sabemos si el Mate o Gardel fueron Argentinos. Pero Vete de mi, sí, lo es.

Vete de Mi, el documental “Una de Pasiones” completo, en Vimeo.

Versión resumida del documental, la historia de “Vete de mi”.

 

Y una nota de Página 12. que cuenta un poco, apenas, de lo mucho que fueron los Expósito, autores, también, de Naranjo en Flor.

 

La edad de oro

edaddeoro

“MercadoSimple” reúne en un galpón de una atemporal Mar del Plata entrañables personajes melómanos. Aman la música, no toda. Expertos, integrantes un 5% del mundo capaz de amar a Peter Hammill.

La historia nos hace viajar en un tiempo indefinido hacia el pasado de los personajes y el nuestro. Divertida, poblada de giros que ameritarían verla una y otra vez para terminar de captar la construcción del experto en Hammill, experto en música progresiva. Sin embargo, aún sin ser un entendido en estilos, la trama nos va llevando por los senderos de lo patético de no poder soltar, ni el pasado, ni el objeto que nos recuerda lo que ya no volverá.

La caracterización de cada uno de los actores que van apareciendo en la escena es suficiente para amar los personajes, estereotipos de lo peor de nosotros mismos, del fan que llevamos dentro. Pero quienes sepan sobre Hammill, seguramente sentirán en sus corazones ese noseque de pertencer, de saber, de amar cada una de las canciones que su ídolo fue componiendo a lo largo de su carrera. Sin embargo, ese fan somos todos, con ese apego al vinilo, a la historia de nuestra vida-música y todo lo que hicimos en el pasado en post de nuestro ídolo tan especial.

La ropa, el rictus de Horacio, la división de los discos (americanos versus el resto del mundo), el catálogo de pertenecer o no, el precio de los productos y el dolor del regateo, y el saber de memoria qué parte del surco del disco suena y bien y suena mal y esos hermosos detalles.

Hace tres años que La edad de oro está en cartel. Es una obra de colección que, como los discos perdidos, siempre estarán allí para ser resucitados por quien sepa el valor real de quien sabe apreciar.

Director: Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu
Actúan: Ezequiel Rodríguez / Pablo Sigal / Walter Jakob / Denise Groesman /
Cuándo y dónde: El Kafka Espacio TeatralLambaré 866. Sábados 23 horas.

Villa Ocampo: la victoria cultural

Una nota me llevó a la otra. Por otro trabajo tuve que ir a esta mansión, la casa donde Victoria Ocampo vivió y murió, Villa Ocampo, un paraíso en Beccar. Desde ya que este lugar parece otro país, y a medida que uno se acerca a Elortondo 1811, todo se va tiñiendo de un misticismo que nos retrotrae a la época de Boedo y Florida.

Una vez allí, ese jardín precioso y ostentoso, se convierte en el marco perfecto de una mansión que recién hace cuatro años comenzó a ser restaurada. Olor a masas recién horneadas en la cocina del restaurant de la Villa, acompañan la visita guiada privada que tuvimos el honor de realizar.

Nicolás Helft, Director Ejecutivo del lugar, es el encargado de contarnos un poco qué están haciendo allí: una restauración que comenzó hace un tiempo y que va encontrando recuerdos e historias secretas a medida que se abren las páginas de los libros de Victoria. Son con 12.000 libros, 1.000 periódicos, muchísimas fotografías, cartas y papeles personales los que van emergiendo de dentro de las cajas, bibliotecas. Hay anotaciones de Victoria, cartas escondidas y traspapeladas, dedicatorias únicas e historias nunca oídas, como una amistad entre Lacán y Ocampo, como la visita famosa de Stravinsky a la Villa y como muchas otras que las investigaciones que están realizando el personal de la Unesco irá develando al llegar su momento.

Es tan impresionante estar allí, en la misma habitación donde Victoria dormía, en el escritorio donde leía y escribía, en la biblioteca de la colección Sur, en ese baño precioso que el señor Ocampo diseñó y que parece de última generación tantos años después.

La casa, construida en 1891, sufrió un incendio en 1947, un abandono pocos años atrás y su restauración comenzó en el 2003. Subimos por las escaleras, las paredes están siendo refaccionadas y el piso parece que caerá en cualquier momento. Hay muchas habitaciones, algunas habilitadas para su visita pública y otras tantas siendo refaccionadas. Es enorme, no suntuosa y respeta sus diseños originales. Los muebles, las bibliotecas y hasta las fotos, generan un ambiente similar al original.

Hay mucha información sobre la Villa aquí y en otros tantos lugares. Lo que en esta primera aproximación quiero destacar es que es una visita imperdible y hay muchas actividades para aprovechar. Como tan bien ha destacado nuestro anfitrión, Victoria Ocampo fue un link en la era de la no informática. En su casa se reunieron las más grandes figuras locales e internacionales; ella era un enlace con corrientes, personajes. Era pionera en muchísimos aspectos y en la era de la globalización y estupidez actual, este aire que se respira aquí es un alivio. Dan ganas de conocer más, de alejarse del centro porteño y de volver el tiempo atrás.

Almuerzos otoñales, Exposición de Antonie de Saint Exupéry, noches de tango y Jazz, visita a los jardines, al cuarto de Victoria Ocampo y más.

Cuándo y dónde: De Jueves a Domingos a partir de las 12,30hs, hasta el 25 de mayo, en Elortondo 1811. Información escribiendo a informes@villaocampo.org.

Nota publicada en Abril de 2008. 

Recuerdo: Carlos Páez Vilaró.

La visita al Museo de Arte de Tigre (MAT) terminó en una inesperada charla con el mismísimo Carlos Páez Vilaró en vivo y en directo. Comienzo esta crónica por el final, con la visita al atelier del pintor, una impactante casa de fines del siglo XIX traída desde Inglaterra y ubicada en medio de un paisaje que se asemeja al africano (uno de los motivos por los cuáles PáezVilaró decidió radicarse allí). A su lado, la Casapueblo de Tigre. Igualita a la uruguaya aunque más pequeña. Se puede pispear desde lejos y no visitar. No así el taller ubicado en la casa inglesa, donde pinturas fresquísimas adornan las paredes de madera y hasta el taller donde esta tarde misma el pintor, estuvo descargando su arte interior.“Pintar me relaja”, nos comenzó a contar con una sonrisa Páez Vilaró en una charla íntima y casual que tuvimos al toparnos con el dueño de casa. “A mi me relaja lavar los platos”, se sinceró Alberto, un amigo de Ladob que venía con nosotros. El pintor lo miró con ojos grandes, una sonrisa y replicó: “¡A mi también! me encanta y siempre me levanto de cenar para lavar los platos, aunque no me dejan mucho. También me relaja hacer paquetes”. Esta fue una de las curiosidades que tuvimos la suerte de develar esta tarde en Tigre, en el pulcro taller.

La visita que originariamente quería comentar comenzó más temprano, en el precioso Museo de Arte de Tigre Ricardo José Ubieto, un edificio construído en 1906 y reabierto al público tan sólo dos años atrás, que hoy alberga la muestra de Carlos Páez Vilaró. Mención aparte merece este lugar, que parece un palacete de los de antes (lo es), que cuenta con escaleras con mármol de Carrara y una araña gigante que cuelga del techo y pesa nada menos que 1.500 kilos. La muestra, llamada “Fragmentos”, celebra los 60 años del artista. Son 114 obras que representan las distintas etapas de su carrera. Etapas, estados de ánimo, esculturas y pedazos de la experiencia que el artista uruguayo plasmó en sus viajes por el mundo. Con el corazón en Uruguay y la cultura afrouruguaya, esta muestra se apalanca con una visita guiada y un video que el propio Vilaró filmó para que los visitantes pudieran comprender mucho mejor de qué se trata su obra. Como el mismo nos comentó, es difícil a veces comprender qué hay detrás de la pintura. Este hombre multifacético acompaña su muestra con textos, pensamientos, imágenes de mujeres, gatos y colores fanfarrones, como el mismo llama a la vitalidad de los contrastes de sus últimos trabajos. La muestra termina mañana y si tienen el agrado de poder concurrir a ella, considero serán afortunados. Encontrarán en el Tigre un lugar paradisíaco. En el museo, un espacio de otros tiempos restaurado a la perfección. En Casapueblo, el mundo Vilaró. Y si tienen la fortuna de cruzarlo como quien versa este artículo, entenderán un poco más de qué se trata la pasión que acompaña a esta prolífica obra. Y verán a un hombre vital y feliz de 85 años que es el padre de un concepto único. La Casapueblo, una escultura hecha casa, un barco quieto, siempre listo para partir. Y un buen hombre que al salir, nos pide que nos abriguemos porque afuera, hace frío.

Cabe aclarar que la muestra se desarrolla o desarrolló en la planta baja del MAT. En el primer piso, está la muestra estable del Museo, con el patrimonio que adquirió el museo. Cuadros de Fernando Fader, Benito Quinquela Martín y Carlos Pellegrini, entre otros artistas que pintaron paisajes y situaciones de la Argentina.

Entrada publicada en noviembre de 2008. La respuesta de Carlos Páez Vilaró, 21/09/08.

Mil gracias querida Irina por este mensaje que pone color a mi
iniciación de la primavera. Leí con mucha atención tu nota y me sení
halagado con tus conceptos, aunque los sé inmerecidos.

Rescato de ella, que ensamblado a tu talento vibra en ti un gran
espiritu de observación, un algo asi como recorrer la vida lupa en
mano.

Te envío mi cariño y mi agradecimiento. Como te dije al principio,
inicio el día con felicidad gracias a ti. Con mi cariño a los tuyos.

Carlos Páez Vilaró.

PD: Ahora, nueve de la mañana, voy a ir hasta el Museo para decirle adiós
a las paredes que se animaron a sostener mis obras durante un mes y
medio.